lunes, 29 de abril de 2013

No existen finales felices en ese tipo de historias.

Estoy cabreada. Con el mundo. Conmigo misma. Con mi familia.  No soy capaz de perdonar.Ni perdonarme. Y eso me irrita porque tampoco puedo olvidar. Y ha dejado de ser divertido recordar el motivo de las cicatrices y las heridas. Por mucho que este intentando que se curen. Llevo cabreada demasiado tiempo. La rabia me come por dentro, tampoco puedo culpar a nadie. Siempre es cosa mía  Yo y mis putos sentimientos encontrados, montando batallas campales dentro de mi y dejándome destrozada. Los recuerdos no me dejan dormir por la noche y hay cosas que se cuelan en mis sueños y no deberían estar hay. No deberían estar, punto. Existen momentos en los que la rabia se convierte en lagrimas. A veces quiero chillar. Quiero gritarlo todo. Pero me conozco la historia, luego todo se complica, las personas te traicionan, y algunas prefieren no escuchar. No escuchar nada. No se en quien confiar. Puede que no deba hacerlo y punto. Estoy continuamente cabreada porque me hubiera encantado tener una vida simple y ser de echas chicas preocupadas por los vestidos de los viernes. Nadie rechaza a una chica simple. Estúpido y absurdo mundo imperfecto. Quiero dejar de estar cabreada. Soy como una bomba de relojería, algún día todo va ha explotar, y entonces a todos les importara. Pero ya sera tarde. Hay algo en mi que no funciona bien, y que ya no creo que lo haga. Nadie quiere darse cuenta de lo que pasa. Del dolor. Y yo tampoco quiero que sepan que existe ese dolor. No puedo permitirme ser débil. Hay cosas que no quise contar, otras que no salieron.

No hay comentarios:

Publicar un comentario